Humo y cenizas. Los inicios de la publicidad cigarrera en la Ciudad de México

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  • Humo y cenizas. Los inicios de la publicidad cigarrera en la Ciudad de México, de Denise Hellion, será presentado este jueves 22 de mayo, en el Museo Nacional de las Culturas
  • Participan los investigadores Gabriela Pulido Llano y José Ronzón León; el doctor Carlos Vázquez Olvera, director del MNC, moderará la mesa 

La historiadora Denise Hellion dedicó varios años a investigar las estrategias publicitarias para la venta de tabaco en la ciudad de México durante las últimas décadas del siglo XIX y la primera del XX, centrándose en la empresa El Buen Tono y su tino para modificar hábitos de consumo de la población a principios del siglo XX. 

Resultado de estos trabajos es el libro Humo y cenizas. Los inicios de la publicidad cigarrera en la Ciudad de México, que será presentado el jueves 22 de mayo, a las 17:00 horas, en la Sala Polivalente, del Museo Nacional de las Culturas, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). 

El libro, que aborda las estrategias comerciales de empresas cigarreras en la capital mexicana en las postrimerías del Porfiriato, será comentado por los investigadores Gabriela Pulido Llano y José Ronzón León; el doctor Carlos Vázquez Olvera, director del Museo Nacional de las Culturas (MNC), moderará la mesa.

Hellion rastrea una parte importante de la industrialización en México, así como la actuación del empresario de origen francés Ernesto Pugibet, quien introdujo maquinaria moderna que estandarizó la producción de la industria tabacalera.

La investigadora de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia precisó que, la búsqueda de un mercado para el tabaco, “permitió que una cigarrera como El Buen Tono (sociedad anónima presidida por Pugibet) realizara una exploración inusual en términos de publicidad para garantizar la venta de sus marcas”.

La publicidad se enfocó a promover el gusto por el cigarrillo, desplazando al puro o habano y al tabaco picado para pipa, dirigiendo los anuncios no sólo a los hombres sino también a mujeres, ancianos y hasta los niños.

 La investigadora comentó que “para la última década del siglo XIX, todo el tabaco del país se dedicó a la factura de cigarrillos, lo que devino en un mercado masivo. A ello sirvieron algunos antecedentes porque en México nunca fue satanizado fumar, ni por edad ni por género, es decir, no hubo una cuestión cultural que impidiera el consumo”.

 Hellion dijo que la publicidad se basó en inserciones en periódicos y revistas como El Imparcial o El Mundo Ilustrado, fascículos que incluían historietas, carteles, álbumes, volantes, postales con imágenes de las tiples de moda y cajetillas ilustradas, así como algunas técnicas innovadoras como el vuelo de un dirigible que recorría las céntricas calles de la urbe promoviendo la marca.

 Recordó que el vasto mercado del cigarrillo desató en 1905 una guerra entre los fabricantes El Buen Tono, de Ernesto Pugibet, y La Tabacalera Mexicana, del vasco Antonio Basagoiti, que se ventiló en los diarios mediante cartas y anuncios, a modo de inserciones pagadas.

 Dicho enfrentamiento se dio en un momento en que no existía un código de conducta entre empresarios y llegó a involucrar a productores de tabaco, en particular a los de Nayarit, los importadores del papel y vendedores al menudeo.

 La historiadora relató que incluso se cuestionó al presidente Porfirio Díaz por favorecer una marca en las llamadas exposiciones universales; el pleito tuvo que ser “enfriado” por el entonces ministro de Fomento, Vicente Riva Palacio. Asimismo, el director de El Imparcial, Rafael Reyes Spíndola, ayudó a pactar una tregua entre El Buen Tono y La Tabacalera Mexicana.

 En sus estrategias de venta, El Buen Tono supo congeniar con el modo de ser del mexicano, creando mensajes de fácil entendimiento y amplia penetración para modificar los hábitos de consumo entre distintos sectores de la población. Así, en las caricaturas de la compañía, hombres infortunados vivían momentos felices gracias a las bocanadas de humo de marcas como ChorritosCanela pura.

Para la especialista, Juan Bautista Urrutia, el maestro litógrafo detrás de estas escenas, “conocía perfectamente la Ciudad de México, podía personificar los ambientes y espacios, y hacer evocaciones con una caricatura de trazo rápido”.

 Humo y cenizas…, de Denise Hellion, será presentado, con los comentarios de los investigadores Gabriela Pulido Llano y José Ronzón León; moderará la mesa el doctor Carlos Vázquez Olvera, el jueves 22 de mayo, a las 17:00 horas, en la Sala Polivalente, del Museo Nacional de las Culturas, Moneda 13, Centro Histórico.

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